lunes, 25 de junio de 2018

La caída de los negocios offshore de Guarapiche Velásquez

Leer las comunicaciones internas entre los ejecutivos del bufete panameño Mossack Fonseca (MF), después de que a comienzos de abril de 2016 estallara en medios de todo el mundo el escándalo de los llamados Panama Papers, en mucho se asemeja a oír las voces de los pilotos grabadas en la caja negra de una aeronave estrellada: se registra la actividad frenética y, por último, la desesperación, de quienes tratan de esquivar lo inevitable.
Una filtración masiva de 13 millones de archivos procedente de Mossack Fonseca, uno de los mayores proveedores de servicios offshore en Panamá y el mundo, dio lugar ese año al proyecto periodístico de Panama Papers, que terminó sirviendo como una radiografía de las entrañas de los paraísos fiscales y de los usos que a esas entidades dan poderosos de todas las nacionalidades, a fin de ocultar sus bienes o transacciones financieras del escrutinio de las autoridades.

Ahora, un segundo lote de documentos de Mossack Fonseca -cerca de una décima parte de la filtración inicial- acaba de ser liberado. Recibido, como el primer lote, por periodistas del diario Süddeutsche Zeitung de Munich, Alemania, fue procesado y convertido en base de datos por el Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ, por sus siglas en inglés), con sede en Washington D.C., Estados Unidos, desde donde coordinó a más de 100 medios de todo el globo para dar lugar a la secuela, Panama Papers 2. La mayoría de los archivos incluidos corresponden al periodo entre 2016 y 2018 y permiten conocer las maniobras que desde el interior de la empresa se intentaron para mantenerla en funcionamiento tras la quiebra de su reputación, infructuosas en definitiva: el bufete cerró su cuartel general panameño y sus 40 oficinas internacionales en marzo de 2018, y muchos de sus directivos y representantes enfrentan procesos legales en diversas jurisdicciones.

La nueva filtración evidencia que una de las primeras reacciones de Mossack Fonseca ante la crisis legal y de reputación que enfrentó desde abril de 2016 fue la de deshacerse del lastre, como se haría en una nave que pierde altura. Tras revisar sus archivos, detectó y ordenó renunciar a las cuentas tóxicas de empresas cuyos accionistas visibles o últimos beneficiary owners cabían dentro de la categoría de Personas Políticamente Expuestas o PEP, según sus siglas en inglés.

La purga drenó del portafolio de Mossack Fonseca a muchos clientes venezolanos. Pero un caso en particular puso a prueba los nervios de la gerencia corporativa.

Mossack Fonseca suelta el lastre
“Esto de verdad que me parece cada vez más surreal”, escribe exasperada Josette Roquebert, ejecutiva del Departamento de Producción de Compañías de Mossack Fonseca, el 22 de abril de 2016, a su colega Sandra de Cornejo, oficial del Departamento de Cumplimiento. “El tipo tiene cuenta bancaria y si hay dinero ilícito debería ser el banco quien se diera cuenta ¿no? ¡Ponen la carga de la verificación en quien incorpora la sociedad y que nunca tiene nada que ver con las actividades de la sociedad!”.

El “tipo” a quien alude el mensaje es Adrián Guarapiche Velásquez Figueroa, mayor retirado de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y quien entre 2008 y 2012 ha tenido cargos de comando en la Guardia de Honor, el regimiento militar creado por el Libertador Simón Bolívar en 1815 y que por tradición sirve de escolta para el presidente de Venezuela. La cercanía al primer mandatario de la República y líder de la autodenominada Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, que le había concedido su cargo de edecán del presidente, no hizo del mayor Velásquez Figueroa -apodado Guarapiche por el nombre del río que cruza su ciudad natal, Maturín, en el estado de Monagas (oriente de Venezuela)- un hombre conocido. Convenientemente, quizás.

También bajo el amparo de su proximidad al poder y de un relativo anonimato había prosperado la carrera de la mayor de la GNB, Claudia Patricia Díaz Guillén, oriunda del estado de Táchira (Andes del suroccidente venezolano). Enfermera y oficial asimilada a la milicia, tuvo a su cargo hasta 2010 la salud del presidente Chávez. Un año después, en 2011, ya cumplía funciones como Secretaria Ejecutiva del Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden) y Tesorera de la Nación.

Díaz y Velásquez dejaron sus carreras de funcionarios públicos y contrajeron matrimonio en 2013. Su parábola conjunta de oficiales retirados de las Fuerzas Armadas podría haber continuado con un “vivieron felices por siempre”. Pero el 3 de abril de 2016, el primer reportaje de la sección venezolana de los Panama Papers, bajo la firma de los periodistas Tamoa Calzadilla de la cadena de TV Univisión en Miami, Florida, y Alfredo Meza, de Armando.info en Caracas, puso sus nombres en la agenda pública, primero, y finalmente, en los legajos judiciales.

La nota evidenciaba que en los archivos de Mossack Fonseca había quedado registrada la incorporación en la República de Seychelles -un archipiélago en el océano Índico, al suroeste de África- de una empresa, Bleckner Associated Limited, con 50.000 dólares de capital y Adrián Velásquez Figueroa, Guarapiche, como beneficiario final. La empresa había sido constituida en 2014 para gestionar una cuenta en el Banco de la Suiza Italiana (BSI, por sus siglas en italiano, luego fusionado con el EFG Bank), un propósito en apariencia inalcanzable para alguien que hasta entonces solo percibía el salario de un funcionario público.

“Yo pienso que debemos salir de él”, opina Sandra de Cornejo, oficial de cumplimiento de Mossack Fonseca, el 14 de abril de 2016, menos de dos semanas después de la publicación. En pleno desarrollo de la crisis de Panama Papers, con frentes que se abren casi todos los días en distintos lugares del orbe, triturando poco a poco la marca corporativa, el correo interno de Mossack Fonseca es un hervidero. Con todo, habrá tiempo de debatir sobre el caso del venezolano. En el intercambio no falta quien sostiene que se trata de una cuenta que pueden mantener. Pero, desde el principio, Cornejo es una de las más firmes partidarias de desprenderse de ese cliente radiactivo. “¿Un capitán retirado del Ejército venezolano con cuenta bancaria en Suiza? Esto huele a dinero de Chávez”, escribe, implacable. Su criterio se impondrá a la larga. (PULSE AQUÍ PARA VER MÁS)

Fuente: Con información de https://armando.info - (PULSE AQUÍ)

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