domingo, 17 de febrero de 2019

El Confidencial: La privatización petrolera masiva que prepara Guaidó en Venezuela

A estas alturas, a nadie se le escapa que una de las claves de todo lo que está sucediendo en Venezuela es el petróleo. La petrolera estatal PDVSA, la gallina de los huevos de oro del país, ha sido la fuente de la riqueza con que el Gobierno de Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después financiaron sus programas sociales, al tiempo que su declive, impulsado por nefastas decisiones de gestión, está en el origen de la catastrófica situación actual a la que se enfrenta el país, acelerada por el desplome del precio de los hidrocarburos. Por eso, la gran batalla política de estos días se libra en torno al control del crudo venezolano.
Al mismo tiempo que EEUU ha decidido incrementar las sanciones contra PDVSA en un intento de darle la puntilla al tambaleante ejecutivo de Maduro, el líder de la oposición y "presidente interino" Juan Guaidó prepara una intensa reforma del sector petrolífero de Venezuela, que tiene intención de hacer efectiva cuando, como espera, consiga sacar al chavismo del poder. Entre otras cosas, las medidas incluirían una nueva ley de hidrocarburos que flexibilice el sector, una agencia estatal destinada a crear ofertas de licitación en proyectos energéticos, y una nueva regulación anticorrupción enfocada específicamente a PDVSA, según informa la consultora S&P Global en una nota para sus clientes, de acuerdo con el diario español El Confidencial.

Aún más específico ha sido el enviado de Guaidó en EEUU, Carlos Vecchio, en una entrevista con la agencia Bloomberg. "Queremos ir a una economía abierta, queremos aumentar la producción petrolífera", señaló Vecchio. "La mayoría de la producción petrolera que queremos incrementar será con el sector privado", añadió. El propósito de esta reforma legal será eliminar las disposiciones que ahora mismo establecen que PDVSA tiene que poseer el 51% de cualquier proyecto de explotación conjunto, una medida que puede tener sentido desde el punto de vista de la soberanía estatal, pero que en el marco del caos venezolano ha lastrado enormemente la inversión extranjera.

"Uno de los problemas que ha habido es que el gobierno obligó a entregar las divisas que estaba generando PDVSA al Banco Central de Venezuela a un tipo de cambio muy favorable para el régimen. Eso le impidió quedarse una parte de los beneficios y reinvertirlo en sus actividades, por lo que se incrementó su dependencia de las empresas extranjeras", indica Emilio González, profesor de economía internacional en la Universidad de Comillas–ICADE. "También se le obligó a aprobar un fondo de transferencia de rentas a la sociedad venezolana, que no eran sino subvenciones para comprar el apoyo a Maduro, y a transferir parte de la producción a países con los que el régimen de Chávez y Maduro tenía una relación especial: Bolivia, Ecuador, Nicaragua en cierto modo, y un trato especial a Cuba, a quienes se enviaba petróleo a precios irrisorios o como donación".

"Esto ha llevado a una descapitalización completa de PDVSA, que ahora necesita adquirir tecnologías, teniendo en cuenta además que el petróleo de Venezuela procede de arenas bituminosas que requieren tecnologías especiales. De modo que la recuperación pasa por una recapitalización o un acceso a la tecnología que solo es posible si se abre al capital extranjero", comenta González. "Por otro lado, esto además dificultará que en el futuro posibles gobiernos puedan utilizar PDVSA con fines políticos, como ha ocurrido con Chávez y Maduro", afirma.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, un 17,6% del total. A pesar de ello, hoy ni siquiera puede cumplir con su cuota ante la OPEP de 1,97 millones de barriles diarios. El país alcanzó su máxima producción petrolera en 1998, justo antes de la victoria electoral de Hugo Chávez, con un pico de 3,5 millones de barriles diarios. Desde entonces, el declive ha sido constante. Ahora mismo, Venezuela está produciendo apenas 1,3 millones de barriles al día —el mínimo desde hace 69 años— y se espera que, de no ponerse en marcha medidas de gran impacto, caiga por debajo del millón de barriles en 2019.

Historia de un desastre anunciado
Uno de los motivos principales es la hemorragia constante de personal cualificado y la falta de reinversión en actualizaciones tecnológicas y mantenimiento. Entre 2002 y 2003, muchos empleados de PDVSA llevaron a cabo una serie de huelgas que el Gobierno de Chávez consideró de índole política, y que se saldaron con el despido de 19.000 trabajadores experimentados y su sustitución por leales al chavismo. Los técnicos petrolíferos despedidos se dirigieron a otras latitudes, como Houston o el Golfo de México, pero esta fuga mermó enormemente las capacidades del país de extraer el crudo venezolano, de carácter pesado. Para paliar esta carencia, Venezuela invitó a empresas petroleras internacionales a participar en el proceso. ExxonMobil, BP, Chevron, Total, ConocoPhillips y Repsol realizaron grandes inversiones en tecnología e infraestructuras de extracción, las mismas que no estaba realizando el estado venezolano.

No obstante, en 2007, con la explosión de los precios del petróleo, Chávez intentó modificar los acuerdos firmados con estas compañías para incrementar todavía más los beneficios. La mayoría lo aceptó a regañadientes, pero no así ExxonMobil ni ConocoPhillips, cuyos activos fueron expropiados. Ambas empresas llevaron el caso ante un panel de arbitraje del Banco Mundial, que falló a su favor, pero sin demasiados efectos prácticos.

"El Gobierno de Chávez no supo apreciar el nivel de inversión de capital que se requiere para seguir desarrollando el petróleo del país. Eso se debió no poco a la inexperiencia entre sus leales que ahora dirigían PDVSA, pero podría haber dado igual en cualquier caso", escribe el ingeniero petrolífero Robert Rapier en la revista Forbes, en uno de los artículos que mejor explica este fenómeno. "Cuando los precios del petróleo estaban altos, Chávez recibió miles de millones de dólares que podían ser extraídos para financiar los programas sociales del país, y eso es exactamente lo que hizo. Pero fracasó a la hora de reinvertir adecuadamente en esta industria, que requiere capitales intensivos", indica Rapier.

El petróleo cubre la mitad del presupuesto nacional y supone más del 90% de las exportaciones de Venezuela. Sin embargo, la caída de la producción tan solo entre 2014 y principios del año pasado le supuso al país unas pérdidas de más de 62 millones de dólares diarios, lo que da una idea de la tragedia que este declive ha supuesto para las arcas del país.

La situación, además, se ha agravado desde el nombramiento en noviembre de 2017 del general de la Guardia Nacional Bolivariana Manuel Quevedo como administrador de PDVSA, quien a su vez ha designado a sus leales para los cargos principales, lo que ha supuesto la entrada masiva de los militares en el sector petrolífero. La decisión, lejos de tener un carácter práctico, parece motivada por razones ideológicas: "Quiero una PDVSA socialista. Una PDVSA ética, soberana y productiva. Tenemos que romper este modelo de petrolera rentista", declaró Maduro a principios del año pasado.

El valor de la empresa petrolífera pública no deja de desplomarse: se espera que caiga a los 20.900 millones de dólares en 2019, un cuarto de los 89.000 millones en los que se tasaba PDVSA en 2008, según sus propias cuentas. Durante la gestión de Quevedo, además, la producción ha caído un 20% adicional. ->>Vea más...

Fuente: Con información de DANIEL IRIARTE - El Confidencial

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