viernes, 20 de mayo de 2022

Julio Martín Herrera Kolster, a.k.a. Julio Herrera Velutini: El banquero que se inventó un pasado para engañar en una docena de países

Por Gabriela Bonilla - 
El venezolano Julio Martín Herrera Kolster, propietario en Puerto Rico del Bancredito International Bank, se presenta ante el mundo con el nombre de Julio Martín Herrera Velutini, que en realidad es el nombre de su padre.

Mucho alrededor de Herrera Kolster no pasa de ser una fachada, cimentada en un pasado inventado, un abolengo y una tradición inexistente, de la que Herrera no es acreedor.

Casos similares se han visto recientemente en Wall Street y han tenido tanta trascendencia que han servido de basamento para documentales, series de televisión y largometrajes cinematográficos. Es el caso de la estafadora rusa-alemana Anna Sorokin, quien se hizo pasar en Nueva York por una rica heredera alemana bajo el nombre de Anna Delvey, para estafar a bancos, hoteles y conocidos adinerados. En su historia, de la que también hay un documental, se fundamenta la serie de televisión "Inventing Anna" (Inventando a Ana), estrenada en febrero de 2022 en la plataforma Netflix.

Algo similar sucedió con el texano Robert Allen Stanford, fundador y expresidente del ahora desaparecido Stanford Financial Group, que tenía entre sus filiales al Stanford International Bank.

Un artículo del Houston Chronicle de febrero de 2009 describió a Robert Allen Stanford como "el principal benefactor, promotor, empleador y personaje público" de Antigua y Barbuda . El 1 de noviembre de 2006, Stanford fue nombrado Caballero Comandante de la Orden de la Nación (KCN) de Antigua y Barbuda por el gobierno de Antigua. El Príncipe Eduardo, Conde de Wessex, se unió al entonces Gobernador General de Antigua y Barbuda, Sir James Carlisle, para hacer este anuncio durante la Celebración del Día de la Independencia del Jubileo de Plata. Después de ser nombrado caballero, Stanford usó con frecuencia el título otorgado "Sir Allen"; en general, tanto los habitantes de Antigua como internacionalmente se referían a él como tal.

En octubre de 2009, el Comité Nacional de Honores de Antigua y Barbuda votó por unanimidad para despojar a Stanford de su título de caballero. El 2 de noviembre de 2009, la recomendación fue enviada a la Gobernadora General, Dame Louise Lake-Tack . La orden de revocar el título de caballero y la insignia de Stanford fue aprobada y entregada a Stanford el 1 de abril de 2010.

En 2001, Stanford dijo que su tatarabuelo era pariente de Leland Stanford , el fundador de la Universidad de Stanford. Financió la restauración de la mansión de Leland Stanford en Sacramento, California , en un esfuerzo por "ayudar a preservar una parte importante de la historia familiar de Stanford", y contrató a genealogistas para demostrar que era miembro de la familia Leland Stanford. Pero un portavoz de la universidad dijo: "No tenemos conocimiento de ninguna relación genealógica entre Allen Stanford y Leland Stanford". En 2008, la universidad presentó una demanda por infracción de marca registrada contra Stanford, alegando que el nombre de la escuela se estaba utilizando de una manera que creaba confusión pública.

Anna Sorokin y Robert Allen Stanford son solo dos de muchos otros personajes que se han inventado pasados, tradiciones y vínculos genealógicos para intentar conectar sus nombres con figuras, familias o instituciones prestigiosas.

Pero volviendo al caso de Julio Martín Herrera Kolster o Julio Martín Herrera Velutini, como él mismo se ha hecho llamar, hay que remontarse en el pasado a la historia del empresario Don José Herrera Uslar, a quien cariñosamente conocían en Caracas como "Pepito" Herrera Uslar. Décadas atrás Don José Herrera contrajo matrimonio con Doña Clementina Velutini, a quién durante toda la vida Herrera Uslar le profesó su amor.

Don José Herrera Uslar fue embajador plenipotenciario de Venezuela en Suiza. Debido a que Don José y Doña Clementina no podían concebir hijos, decidieron acudir a un orfanato suizo para realizar trámites de adopción. Gracias a las influencias diplomáticas y posibilidades económicas de la pareja, consiguieron adoptar a una hermosa niña rubia, quien no hablaba español y había quedado huérfana luego que sus padres fallecieran durante la Segunda Guerra Mundial.

La niña fue trasladada a Venezuela por la pareja. Pero la pequeña, al estar impedida de comunicarse en el mismo idioma y sintiéndose en un lugar extraño para ella, lloraba constantemente. La misma niña le confesaría luego a los Herrera Velutini que ella tenía dos hermanos pequeños a los que extrañaba y quienes habían quedado recluidos en el orfanato.

Fue por esa razón que los esposos regresaron a Suiza a buscar a los dos hermanos varones de su hija adoptiva, a quienes también adoptaron legalmente, concediéndoles los apellidos Herrera Velutini. La niña fue bautizada con el nombre de Christina y uno de sus hermanos con el nombre de Julio Herrera Velutini, quien años más tarde se convertiría en padre de Julio Martín Herrera Kolster.

Los niños se hicieron acreedores del apellido y la tradición, además de la herencia y fortuna de la familia.

Don "Pepito" Herrera Uslar es pariente del desaparecido y laureado intelectual y escritor venezolano Arturo Uslar Pietri y del no menos reconocido novelista y médico venezolano Francisco Herrera Luque. "Pepito" también era familiar del aristócrata venezolano Reinaldo Herrera Guevara, editor de la revista Vanity Fair, quien heredó el título español del Marqués de Casa Torre a la muerte de su padre en 1962. Reinaldo Herrera es esposo de la afamada diseñadora de modas venezolana Carolina Herrera.

Los Herrera Uslar fueron unas de las primeras veinte familias mantuanas que desde el siglo XVII habitaron y rigieron los destinos de la ciudad de Caracas. El propio Francisco Herrera Luque los describiría como "Los Amos del Valle" en su novela histórica del mismo nombre publicada en 1979.

Luego del fallecimiento años atrás de Don José Herrera Uslar, la familia lanzó a la basura varios documentos, que daban fe de las propiedades y tierras de las que eran dueños el padre y los abuelos de Herrera Uslar, localizadas en lo que hoy en día se conoce como la Urbanización La Paz y Urbanización Loira en la zona de El Paraíso en Caracas, además de parte de La Vega y Montalbán, como el Parque Residencial Juan Pablo II, en unos amplios dominios que llegan hasta cerca del río Guaire.

Dos miembros de la familia Herrera Uslar, tras haberse casado y separado, dividieron las tierras y haciendas. Una parte de la familia se quedó en la denominada Hacienda La Vega, hoy lugar de interés cultural, mientras que la otra parte se queda en la denominada Hacienda Montalbán. Cada una de las haciendas tenía su propio ingenio, en el que cultivaban caña de azúcar y producían licores, que incluían ron y aguardiente. Cada una de las haciendas era independiente de la otra y contaba con su pozo de agua y su alambique.

Don José Herrera Uslar se posesionó de una amplia parcela dentro de esas tierras, en la que construyó su mansión. Un Herrera Uslar, muy enamorado de su esposa Clementina, decidió construir la casa, bautizada con el nombre de "La Clemencia", a imagen y semejanza de una propiedad del Sur de Estados Unidos, que data de la Guerra de Secesión, donde fue grabada la película estadounidense "Lo que el viento se llevó" (1939).

Mansión de la película "Lo que el viento se llevó"

La réplica caraqueña de la casa de la famosa película fue convertida muchos años después en un SPA. Contaba con una entrada por la Cota 905 y entradas auxiliares por la Calle Deyber, con la que colindaba y que era utilizada como entrada y salida de servicio, además de por la Calle Loira.

Julio Herrera Velutini, hijo adoptivo de Don José Herrera Uslar, como muchos otros miembros de familias adineradas de El Paraíso, en la Caracas de esa época, curso estudios en el Colegio San Agustín.

Julio Herrera Velutini procreó en su primer matrimonio con Gilda Kolster, a Julio Martín Herrera Kolster, quien ahora se hace llamar con el nombre de su padre. Herrera Kolster también estudió en el Colegio San Agustín de El Paraíso, hasta que fue expulsado del centro de enseñanza, por problemas de conducta y por bajo rendimiento académico. El colegio no aceptaba a estudiantes repitientes, por asignaturas aplazadas.

Como castigo, los padres de Herrera Kolster lo matricularon durante un año en un centro público de educación media, ubicado también en la zona de El Paraíso. De allí, debido a las malas compañías que frecuentaba, Herrera Kolster fue enviado a un internado ubicado en Lugano, Suiza, para que concluyera el bachillerato en la ciudad localizada muy cerca de la frontera con Italia. Sería de allí que luego Herrera Kolster adquiriría la nacionalidad italiana.

Años después de recorrer otros países, Herrera Kolster, quien al parecer se ha casado en al menos tres ocasiones distintas, en su penúltimo matrimonio regresó al apacible Lugano, a la orilla de un lago, donde tuvo su casa principal, en la que vivía junto a su esposa e hijos.

Los tres hijos adoptados por Don José Herrera y Doña Clementina Velutini, una vez que crecieron, se hicieron creadores del manejo de empresas familiares, como el hoy extinto Banco Caracas, del que eran accionistas mayoritarios. También fueron accionistas importantes de la C.A. La Electricidad de Caracas, encargada de suministrar energía eléctrica a la conurbación conocida como Gran Caracas. Eso además de otras tantas empresas.

La familia tenía tantas tierras en la zona de Montalbán, en Caracas, que donaron el terreno donde fue levantada posteriormente la Universidad Católica Andrés Bello, en la Avenida Teherán, y el espacio donde luego se construiría la sede de la Conferencia Episcopal de Venezuela.

La relación entre los Herrera Velutini y las autoridades académicas y directivas de la Universidad Católica Andrés Bello era tan excelente, que los hijos adoptivos de Don José y Doña Clementina se permitían recomendar a terceras personas para que ingresaran al centro de educación superior, dirigida por sacerdotes jesuitas, sin necesidad de realizar pruebas de admisión.

Pero los hijos adoptivos de Don José Herrera Uslar no tenían el talento y la preparación para manejar las empresas que heredaron. Christina Herrera Velutini tuvo una hija que bautizó con su mismo nombre y quien era llamada cariñosamente "Christinita". La hija adoptiva de Don José y Doña Clementina, que destacaba por su belleza física, fue imagen de Clairol, división estadounidense de productos para el cuidado personal de la empresa Wella. La compañía se hizo popular en su país de origen, Estados Unidos, por su kit de teñido del cabello "Miss Clairol", de la que la madre de "Christinita" fue justamente imagen. Eran mejores tiempos para una Christina que luego terminaría sola, en un anexo de la casa de sus padres adoptivos, rodeada nada más que por decenas de gatos y algo enajenada de la realidad. El anexo se quedaría tan pequeño para los animales que luego los trasladaría hasta la mansión que había heredado.

La Clemencia, El Paraíso, Caracas

El adinerado Julio Herrera Velutini (padre) empezó a tener problemas con el alcohol, situación que motivó a que fuera internado en centros de desintoxicación y rehabilitación. En diferentes oportunidades, en estado de ebriedad, el hijo adoptivo de "Don Pepito" Herrera, extravío anillos, diamantes, relojes y otras prendas de valor, yendo a parar a los peores bares y tugurios de El Paraíso, como El Tranvía de El Paraiso, lugar en el que posteriormente funcionaría un casino administrado por el comerciante portugués, otrora llamado "Zar de los Casinos", Domingo Goncalves.

Los hijos adoptivos de Don José Herrera y Doña Clementina Velutini llevaron a la ruina las empresas familiares y dilapidaron su herencia. Tras fallecer Don José y mientras todavía Doña Clementina Velutini estaba en vida, los adoptados por la pareja iniciaron un juicio de interdicción civil, con el propósito de tratar de demostrar que su madre adoptiva no estaba en pleno uso de sus facultades mentales. Con ello consiguieron impedirle a Doña Clementina la realización de diversas transacciones comerciales y limitaron su capacidad para emitir cheques, estableciéndole un irrisorio monto máximo permitido. Mientras, aquellos pequeños que la pareja había adoptado en Suiza, ya adultos, se dedicarían a despilfarrar el dinero de la herencia.

Pese a lo mostrado en algunos perfiles profesionales de Julio Martín Herrera Kolster, personas entendidas en el tema, suponen que es falso que se haya graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde aseguran cursó algunos semestres, antes de viajar a Europa, donde supuestamente se graduó en una Escuela de Negocios. Dado el origen adoptivo del apellido de sus padres, es imposible que Herrera Kolster esté emparentado directamente con próceres independentistas criollos venezolanos. Con historias como esas, Herrera Kolster se ha labrado un perfil, utilizado para tratar de convencer a otros de un falso historial familiar centenario en el mundo de la banca.

Pero todo parece tratarse nada más que de un pasado inventado y de un abolengo que no es tal como el propio Herrera Kolster ha querido hacer ver. ->>Vea más...

FUENTE: Artículo de Opinión - El Publique

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