jueves, 22 de febrero de 2018

Venezolanos mayores luchan por sobrevivir con escasos ingresos

A las 11 am de ese jueves, había 250 personas en línea en el Banco Bicentenario en el centro de Anaco. Bajo el sol poniente, sus rostros retorcidos por el hambre, algunos ansiosos por el letargo de la institución, otros renunciaron para regresar a casa con las manos vacías. Todos haciendo cola, como si fueran ganado, algunos incluso arrastrando a sus caminantes: esto es lo que atraviesan los ancianos cuando intentan cobrar su pensión.
En Venezuela, el sistema de pensiones está lleno de indiferencia y humillación. En diciembre de 2011, el fallecido presidente Hugo Chávez creó la gran Misión en Amor Mayor, con el objetivo de proporcionar seguridad social a quienes no tenían ningún ahorro en el Instituto Venezolano de Seguridad Social (IVSS), establecido en 1944.

Pero lejos de la justicia social, cobrar sus pensiones gira en torno a la agonía. En una etapa económica devorada por la hiperinflación, el dinero desaparece con la compra de algunos artículos, y la llamada pensión es solo un consejo: Bs. 347,914 por mes. Un dólar cincuenta, a la tasa paralela.

Esa mañana, quejándose de un fuerte dolor en la pierna izquierda, María del Carmen Jaramillo me dijo que venía temprano al banco por ocho días para hacer cola durante ocho horas a fin de cobrar su pensión. Pero la cantidad de gente es tal que el dinero pronto se agotó. Ella ya lo sintió, al igual que en días anteriores.

Mientras hablábamos, una vecina más joven hizo cola para ella. A pesar del ambiente hostil, las personas mantenían el orden. Algunos ya habían comido, otros tenían que recoger el efectivo para comer. Esa mañana, les dijeron que esperaran, porque el banco podría recibir billetes de banco.

En Venezuela, el sistema de pensiones se caracteriza por la indiferencia y la humillación.

A los 84 años, María vive sola en la calle La Línea, Anaco. No tuvo hijos, pero dice que Dios está con ella, una expresión que usó con resignación en vista de su realidad, definida por la escasez y la enfermedad. Hay días en que el dolor en su pierna la obliga a salir a la calle y suplicar por dinero. Cuando no puede encontrar nada o el dolor la golpea, se ve obligada a soportar.

Ella ve un futuro sombrío por delante. La pensión es suficiente por un par de días y duda que la situación mejore con este gobierno.

En la avenida Miranda, a pocas cuadras del banco, se me acercan Alberto Pérez y Régulo Manzanares, deseosos de ser entrevistados también. Alberto me dice que consigue vendiendo recipientes de plástico fuera de las tiendas. Debe ocuparse de dos de sus nietos, por lo que debe esforzarse por trabajar a los 67 años. Algunas semanas, gana lo suficiente para comprar comida, pero hay días en que regresa a casa con las manos vacías.

Mientras tanto, Régulo, sentado con un kilo de pasta en una mano, dice: "Tenemos que vivir como mendigos cuando envejecemos".

Mercedes Fernández, jubilada durante los últimos seis años, solía ser costurera y fue capaz de mantener a su familia de esa manera. Ahora, a los 79, ella recuerda décadas pasadas con pesar; Alquiló un lugar en Caracas, pero cuando su matrimonio terminó, ella tomó sus cosas y se fue con sus hijos a Anaco. Ella es hipertensa y diabética. Toma losartán de potasio (Bs. 285,000) y Diaformina Plus (Bs. 145,000), y cada vez que tiene la oportunidad de comprar varias cajas, ella revisa cuánto tiene.

Y cuando se le terminan las pastillas, ella tiene que soportar el dolor.

El problema con los bancos es que, aunque el dinero se deposita, no pueden pagarlo en su totalidad. Los pensionados tienen que hacer cola varias veces, muchos de ellos en vano. Y cuando tienen suerte, se llenan los bolsillos con dinero suficiente para una baguette.

"Quiero vivir mis días felices", dice Fernández, "con comida y mis productos para la higiene personal". Una demanda justa que el Estado elige ignorar.  


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FUENTE: Con información de https://www.caracaschronicles.com - (PULSE AQUÍ)

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