sábado, 10 de febrero de 2018

Los negocios del testaferro Nervis Villalobos en España

En España aparecieron los detalles. Pero ya desde hace más de unos años en Caracas se venía hablando del sobreprecio pagado por los contratos eléctricos. Al presunto sobreprecio se suman ahora los sobornos. Las comisiones.
“Qué hubo detrás de esos negocios eléctricos”. El presunto pago de comisiones por los contratos de Duro Felguera y La Electricidad de Caracas. En el medio, Nervis Villalobos, de acuerdo con un artículo que puede leerse completo en fueradepauta.blogspot.com

“La empresa española Duro Felguera pagó una fortuna a un dirigente chavista por su asesoría «oral» en la adjudicación de un gigantesco contrato en Venezuela, según la documentación recabada por la investigación española en Banco Madrid. En el informe del Servicio Ejecutivo de Prevención de Blanqueo de Capitales (Sepblac) consta, según fuentes policiales consultadas por, un sospechoso contrato de Duro Felguera con Nervis Villalobos, ex viceministro de Energía de Venezuela en el régimen de Hugo Chávez. El caso ha sido remitido a la Fiscalía «por indicios de blanqueo» de este cliente venezolano de Banco Madrid. No es el único, en el informe del Sepblac se citan a otros cuatro destacados representantes del régimen de Chávez. La empresa de consultoría de Villalobos firmó un contrato con Duro Felguera por el que la empresa española le pagaba «un total de 50 millones de dólares, si bien los honorarios se fijan globalmente en un 5,5% de comisión del contrato de adjudicación» por su asesoría en el proyecto energético, según el Sepblac”. Por supuesto, la multinacional ha dicho lo contrario, defendiendo la naturaleza del contrato. En diciembre del año 2017, un periodista venezolano en España daba cuenta de los pagos atrasados y de las quejas de Duro Felguera por lo que ahora llaman el riesgo Venezuela, de donde han reducido el nivel de exposición. Porque es que ahora, la Venezuela del gran contrato de hace más de un lustro derivó en lo otro: riesgo.


 

Señala El Mundo que “el calendario de los hechos ha encendido las alarmas del Sepblac. El contrato original de Duro Felguera data del 3 de diciembre de 2008 y fue con otra consultora venezolana llamada Técnicas Reunidas Terca. Pero Duro Felguera se arrepintió y provocó que esta empresa cediera posteriormente -sin penalización alguna- tan jugoso contrato a Ingeniería Gestión de Proyectos de Energía (Ingespre), de Nervis Villalobos. El objetivo previsto en el contrato, según las fuentes policiales consultadas, era «asesorar para la posible consecución de la obra de una Central Termoeléctrica de Ciclo Combinado de 1.080 MW (Termocentro)». El nuevo contrato de sustitución de Técnicas Reunidas por la del ex jerarca Villalobos tiene fecha de 12 de abril de 2011, pero entre medias, el 4 de mayo de 2009, la empresa española logró adjudicarse el contrato de construcción de Termocentro para abastecer a Caracas por valor de 1.500 millones de euros y que debía ser concluido en 2013. Según los investigadores, pese a que la adjudicación ya se había producido, el importe del contrato con Villalobos es de los mencionados 50 millones, por lo que pudo estar siempre en la trastienda él mismo o el verdadero destinatario final del dinero. Ingespre es una empresa venezolana propiedad de Nervis Villalobos y su esposa Milagros Coromoto Torres. Además del matrimonio, también son clientes de Banco Madrid dos sociedades de su propiedad en las Islas Vírgenes y en Madeira, llamadas Kingsway Holdings Overseas y Kingsway, respectivamente”.

La verdad es que el contrato a la española Duro Felguera dejó a los expertos sin corriente eléctrica. Era la entrega de un proyecto llave en mano de 1.000 megavatios en dos grupos de ciclo combinado que implicaba, por demás, la vuelta al pasado en la historia industrial del país, ya que La Electricidad había superado esa etapa en los años 70’, proyectando y construyendo ella misma y con ingeniería venezolana, las plantas para su expansión.
Por si fuera poco, la obra, calculada en 2.100 millones de dólares, colocaba el costo MW/dólar en un nivel por encima del promedio mundial, con evidente sobreprecio, amén del objetivo político que implicaba la concesión del contrato a una multinacional española, estando todavía fresco el recuerdo del enfrentamiento de Chávez con el Rey don Juan Carlos y el expresidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile en 2007.

El juicio de los expertos obligaba a la siguiente comparación: dos años antes el gobierno había comprado toda La Electricidad por 1.000 millones de dólares y ahora concedía un negocio por el doble y con menos capacidad de generación eléctrica.

Una fuente consultada en PDVSA, dueña de La Electricidad, se limitó a señalar entonces:

- Contesto: De eso no conozco nada. Puedo decir que las compras de plantas eléctricas e inversiones realizadas bajo la administración de Nervis Villalobos en Cadafe, estuvieron ajustadas a los estándares internacionales.

Resalta aquí que mientras esta fuente se proponía la defensa de Villalobos, ex-presidente de Cadafe, la corporación eléctrica estatal antecesora de la nueva Corpoelec que agrupa además a La Electricidad de Caracas, como efecto colateral, la declaración de la fuente confirma la duda de que los contratos y compras posteriores podían estar cargados de vicios y sobreprecios, tal sería el caso del contrato de Duro Felguera.

Hay que aclarar, no obstante, que el mismo Villalobos había sido investigado por la Asamblea Nacional en 2005. Por tanto se infiere que la fuente lo que hace es defender a uno de los suyos. Es que las sospechas estaban a la vista: ¿Por qué la negativa a que AES Corporation ejecutara el proyecto de la planta? ¿Por qué se le había negado ese mismo permiso a la propia Electricidad de Caracas en manos de los Machado-Zuloaga y más tarde controlada por AES? ¿Quién convenció a Chávez de la estatización de La Electricidad de Caracas si AES era una empresa aliada de Giordani y Chávez? Es hoy cuando se despejan los intereses en el negocio. El Mundo de Madrid identifica a Nervis Villalobos.

El sobreprecio de aquella época de alguna manera lo confirmaba el propio ministro del sector eléctrico, Alí Rodríguez, cuando ofrece en 2010 unas cifras que sorprenden. De hecho, el 25 de febrero de 2010 nos preguntábamos en El Mundo: “¿Cómo es que el ministro Alí Rodríguez anuncia una inversión de $4.000 millones para plantas con capacidad por 4.000 megavatios y en los contratos de Duro Felguera para La Electricidad de Caracas y Elecnor e Iberdrola en el estado Sucre, la cuenta supera los $4.000 millones para producir 2.000 megavatios? ¿Aparece el sobreprecio en estos negocios firmados el año pasado?”. O sea, el ministro anunciaba un mismo monto de inversión por el doble de megavatios de lo contratado antes a las mencionadas empresas.

La verdad es que ya nada era ni es ficción. Después de conocerse las denuncias de las comisiones, 15%, pagadas por los empresarios argentinos que en base a los acuerdos comerciales firmados por los gobiernos de Chávez y Néstor Kirchner, quisieran exportar maquinaria agrícola a Venezuela, todo lo demás es creíble. Todo es posible. Cuanto y más las denuncias involucran a la jerarquía burocrática de los gobiernos de los esposos Kirchner, los ministros Claudio Uberti y Julio de Vido; al intermediario en Caracas, el empresario argentino-venezolano, Roberto Wellisch; la respectiva contraparte en PDVSA, Electricidad del Caroní, la Corporación Venezolana de Guayana y Corpoelec; la empresa creada para manejar los negocios, Palmat, especie de oficina comercial paralela para los acuerdos binacionales, y hasta un banco regional, el Banco Guayana.

Si esto era evidente en Argentina por denuncias de los propios empresarios, ¿podía esperarse lo mismo en los negocios con empresas de España?

Los contratos eléctricos han significado un duro golpe para el sector público y también para el sector privado, en el sentido de traducirse en retroceso industrial y gerencial, tomando en cuenta que bajo la administración de los Machado-Zuloaga, década de los 7h0’, La Electricidad de Caracas había puesto en ejecución la planta Tacoa, la cual consistía en 3 unidades de 400 megavatios cada una: o sea, más potente que la contratada a Duro. Tacoa costó 600 millones de dólares; o lo que es lo mismo, 200 dólares por megavatio. Lo resaltante es cómo se hizo: cómo encargó los estudios la gerencia de proyectos, cómo convocó a licitación pública, cómo ganó la criolla Inelectra su primer gran negocio, cómo se analizó la ubicación, cómo se decidió el tipo de generación, y cómo se procedió luego a licitar los equipos por área, de donde resultó que los generadores eran Mitsubishi y Toshiba, las calderas, Mitsubishi y los transformadores, una combinación de Francia, Bélgica y Estados Unidos. Lo mejor es que siguiendo el ejemplo de Tacoa, la estatal Cadafe adelantó en los años 70 y 80 plantas de generación propia, surgiendo de ahí Planta Centro, la unidad que ha servido desde entonces a la zona industrial de la región centro-occidental del país.

Por ello es que el contrato con Duro Felguera implicaba un claro retroceso gerencial y una clara dependencia del contratista, pese a que Chávez se llenaba la boca señalando que Venezuela se encaminaba a ser una potencia regional, y que inclusive desarrollaría energía nuclear de la mano de Irán y Rusia.

Se infiere que el contrato es un negocio para Duro Felguera, un negocio político para el gobierno chavista, un negocio para el gobierno español, y un negocio quién sabe para cuántos más. Ya se sabe: Nervis Villalobos y todo el grupo de intereses. En febrero de 2013, el periodista Nelson Bocaranda escribía que “varias veces señalamos que quien fue presidente de Cadafe, Nervis Villalobos, mandado a botar en cadena por Chávez, fue recogido por (Rafael) Ramírez y se ha encargado de los negocios eléctricos con firmas de distinto tenor. Aparece en varios de los informes”. La verdad es que se conforma el grupo. Javier Alvarado, Nervis Villalobos, Baldo Sansó. Luego aparecen los bolichicos de Derwik en 2010. Sin embargo, y pese a las cifras que se anunciaban, devino la crisis eléctrica que perdura hasta hoy.

Todo un negocio, o toda una operación política desde los negocios, cuya dimensión toma otro giro cuando en marzo de 2010 un juez español dictó una averiguación contra el gobierno de Hugo Chávez por supuestos nexos con las FARC y ETA. Chávez reacciona, atacando. Chávez reacciona, insultando, y aunque en apariencia llegan a limarse las asperezas, el fondo persiste. Es entonces cuando Chávez, el 12 de marzo de 2010 declara que hay intereses intentando dañar las relaciones con España, afirmando que si eso ocurriera, “yo creo que España es la que más perdería, por cierto, no Venezuela”.

Si faltara poco, el Presidente insta a las empresas españolas que operan en la Faja Petrolífera del Orinoco a que enviasen un mensaje a las autoridades, recordando que Repsol YPF opera el mayor pozo de gas descubierto en Venezuela, el Perla. Visto en perspectiva, es lo mismo que hace Maduro en 2015 cuando insta a las empresas españolas a que hagan lobby en España en favor de mejorar la imagen de su gobierno. Maduro no inventó la fórmula. Copiaba a Chávez, en realidad. Con la frase de que “algunos en España quieren dañar proyectos como estos”, quedaba en evidencia lo que era un secreto a voces: el lobby de Chávez, y la diplomacia de los negocios y los contratos.

Y ese lobby, su propio lobby de favorecer negocios a cambio de respaldo político, por el contrario lo conduce a guardar silencio cuando en mayo de 2010 viaje a Buenos Aires a la cumbre de Unasur y allí los periodistas le pregunten sobre las comisiones pagadas por los empresarios. Apenas hace una referencia de que algo había leído en la prensa, aunque aquello, dijo, le parecía una operación política. Eso nada más. Es el comportamiento de Chávez, como se ve, quien la brinda alas a que en Caracas se siga operando con total impunidad en los negocios.

Y hay que repetir que llamaba la atención que curiosamente la nueva planta para Duro Felguera es la misma que AES Corporación, la antigua propietaria de La Electricidad de Caracas, no logró construir ante la negativa del gobierno de otorgarle los permisos.

Duro ya venía ejecutando proyectos industriales desde 1994 en Ferrominera del Orinoco. Escribíamos en aquel artículo de El Mundo que “el grupo aspira a que los ingresos extranjeros alcancen el 70% contra el 50% de hoy. Lo que ha firmado con Elecar es una planta termoeléctrica. La primera turbina de gas entraria en operaciones comenzando 2011. Seis meses más tarde, la fase comercial, y las cuatro turbinas, en ciclo simple, de la primera fase. Luego viene la fase de dos grupos, en ciclo combinado, hasta terminar en diciembre de 2013. Se trata de dos grupos en multieje, cada uno con dos turbinas de gas y una de vapor. No excluye el combustible líquido. Siemens es el proveedor de las turbinas. Duro Felguera señala que en Ferrominera ha participado en la “ampliación del concentrador, operación y mantenimiento de patios en la planta de concentración de mineral de hierro”.

Y coincidiendo con el nuevo negocio, se anunciaba la visita del ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, Miguel Angel Moratinos. Llegaba a confirmar la diplomacia española de los negocios. Venía acompañado de un convoy de empresarios que observaba propicio aterrizar otra vez en el país, como Iberdrola y Elecnor que, ya en Caracas, rubricaba otro negocio de otra planta eléctrica por 2.100 millones de dólares con PDVSA, confirmando las sospechas del gran negocio eléctrico.

Atrás quedaban las amenazas de invasiones y expropiaciones a las tierras de canarios y peninsulares. Atrás quedó el riesgo del Grupo Santander, pues éste ya había vendido el Banco de Venezuela por 1.500 millones de dólares, prometiéndose, sus funcionarios, no volver a invertir en Venezuela.

Por su parte, ante la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado, Moratinos calificó de “bastante satisfactoria” la situación de las empresas hispanas; y dijo que la “salida” del Santander no había sido ningún fracaso. Y por su lado, Antonio Brufau, presidente de Repsol, anunciaría que en Venezuela los negocios estaban protegidos y que el proyecto de permanencia de la multinacional en Venezuela era de largo plazo.

Con al antecedente de aquellas operaciones, que sumaban 5.700 millones de dólares, sin cuantificar las inversiones de Repsol, Moratinos estaba encargado de consolidar lo que llamaba “los intereses bien salvaguardados” en Caracas, pese a que decenas de españoles denunciaban en Madrid haber sido afectados por las políticas de Chávez. Pero éste en Madrid, en su visita de septiembre de 2009, declaraba que los intereses españoles en Venezuela sumaban 8.000 millones de euros, y agregaba, esta es una relación “que hay que cuidar”.

Chávez sabía a dónde apuntaba: hacia una España donde la recesión, según todos los pronósticos, sería más profunda y prolongada que en el resto de Europa, y por tanto requería de socios como el presidente de Venezuela. Por su parte, los grupos de poder chavistas, la jerarquía chavista, lo que hacían era beneficiarse de esta situación.

Todo había tenido su evolución: cuando el presidente José María Aznar visitó al recién electo Chávez en 1999, creyó estar en la ruta correcta, abriendo la bolsa de los negocios. Cuando José Luis Rodríguez Zapatero sube al poder, cambió juicio democrático por contratos, entre otros el del astillero Navantia y las ventas militares. Cuando el ministro José Bono visitó Caracas en 2006, lo evidente era cómo agradecía aquellos contratos -12 aviones y 4 patrulleras- que sumaban poco más de 2.300 millones de dólares, aunque después el gobierno de George Bush veta la construcción de los aviones, y en 2009 se hacía lo posible para que el gobierno de Obama retirara el veto.

Se decía que era el negocio más grande en la industria militar española, como para el Santander la venta significaba salir del riesgo Chávez y concentrarse en Brasil; y para Duro Fuelguera la operación había significado “una de las mayores en la historia de la compañía”, tal como señalara el diario Expansión de Madrid, salvándole sus cuentas de corto plazo, pues, según el medio, finalizado el primer trimestre, “la contratación de Duro Felguera en 2009 apenas ascendía a 74 millones de euros”.

Y a una década de gobierno chavista, Repsol anunciaba el mayor hallazgo de gas en su historia, en las costas venezolanas de Falcón. Y el presidente de Repsol, Antonio Brufau, no perdía la huella de Chávez en Madrid, colocándose a su lado, sonriendo a su lado, confirmando el anuncio, diciendo que Repsol estaba muy cómoda con el gobierno y con PDVSA, ocupando el lugar de copiloto en el auto que Chávez conducía en dirección al aeropuerto.

En todo caso, hay que destacar que en 2006, Bono declaraba en Caracas que la Fuerza Armada de un país no puede ser sostén de tiranos, y de esa fecha al 2015 se fue afirmando en la opinión pública española y en los sectores políticos, la naturaleza poco democrática del chavismo. Pero los negocios son negocios. Que lo saben Duro Felguera y Nervis Villalobos.

Fuente: Con información de http://fueradepauta.blogspot.com - (PULSE AQUÍ)

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