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martes, 15 de agosto de 2017

El contrabando sigue afectando la frontera entre Venezuela y Colombia

Las autoridades militares colombianas estiman que existen, al menos, 247 trochas ilegales, es decir, caminos ocultos entre las montañas y ríos ubicados a lo largo de la frontera. Por allí, Venezuela y Colombia están siendo desangradas por las mafias del contrabando. Entre los estados de Zulia y de Táchira, en Venezuela; Norte de Santander y La Guajira, en Colombia, por estas rutas circulan más de 100.000 barriles diarios de petróleo, según cifras de Petróleos de Venezuela PDVSA
Del lado venezolano, durante las 24 horas del día se observan filas infinitas de coches tratando de llenar sus depósitos. La gran mayoría para revender la gasolina. En la población de Ureña, las trochas se visualizan fácilmente a pocos metros del puesto de seguridad de la Guardia Nacional Bolivariana, cuyos agentes se tapan los ojos como sino ocurriera nada, de acuerdo con un reportaje de ABC de España

Sonido de las ametralladoras
En Cúcuta es recurrente observar en las calles vehículos con placas venezolanas. Lo que llama la atención es que los puentes internacionales que unen a ambos países permanecen cerrados desde hace dos años. «Escucha las ametralladoras, esos son los mismos bolivarianos controlando los caminos ilegales por donde pasan de todo: carros, comida, gasolina... hasta personas. Ellos son los primeros que generan las mafias», dice una mujer que cruza desde Colombia a Venezuela por el puente Simón Bolívar.

Cualquier producto venezolano en la frontera difícilmente escasea y sale muy económico a los colombianos. Mientras que en Venezuela el desabastecimiento general está matando a sus ciudadanos, las empresas legales colombianas se van a la quiebra porque difícilmente pueden competir con el tráfico que mantienen las organizaciones criminales.

El Norte de Santander es uno de los treinta y dos departamentos que, forman la República de Colombia. Su capital es Cúcuta. Está ubicado al noreste del país, en la región andina, limitando al norte y este con Venezuela. La Brigada número 30 del Ejercito Colombiano y la Policía Fiscal aduanera mantienen una mirada vigilante por todos los puntos más difíciles de su geografía como lo es el corregimiento de San Faustino, colindante con el río pamplonita que divide los dos países. Por todo el recorrido se observan casas rurales muy pobres en donde los habitantes se prestan para almacenar y distribuyen el combustible. Constantemente reciben a los surtidores ilegales, tipos que pasan camionetas de doble tracción, pero casi huecas repletas de gasolina y le pagan al despachador el doble de lo que compran, para luego vender la carga en las caletas. Desde esos barrios, a pesar del patrullaje es muy fácil acceder a las vías que conducen a Colombia o Venezuela.
Emboscada
Al llegar al punto de control donde esperaban a ABC, nos sumergimos por los caminos que oculta la carretera con el pequeño contigente armado de la fuerza pública colombiana. En medio del camino . Y allí sin esperarlo, a unos veinte metros aparecieron de pronto dos vehículos que inmediatamente se detuvieron. Sus ocupantes corrieron y se echaron al río para escapar nadando hacia tierra venezolana. El resultado alrededor de unos cuarenta galones de gasolina y el decomiso de los vehículos ilegales. Unas horas más tarde en esta zona hubo un enfrentamiento para tratar de recuperar lo decomisado, dejando dos civiles gravemente heridos.

«Los criminales y personas dedicadas al contrabando se arriesgan por la rentabilidad que deja el negocio. Estamos hablando de que ganan no menos del 1.000%, como es el caso de los hidrocarburos. La población de estas zonas apoyan a las organizaciones criminales porque ellos viven también de esto y nuestros hombres son atacados a diario», señala el Brigadier General Antonio María Beltran Dìaz, comandante de la Brigada 30.

Las estadísticas de la Policía Nacional Aduanera señalan que en los primeros siete meses del 2017 ha aumentado cerca de un 70% las personas capturadas, la gasolina incautada y los vehículos inmovilizados en comparación a todo el año 2016.

El incremento en el tráfico ilegal de ganado y carne sin procesar desde Táchira hacia la ciudad de Cúcuta es otras de las grandes preocupaciones de las autoridades. Existe una amenaza de epidemia al ingresar de manera ilegal a territorio colombiano, animales o carne sin control sanitario de ningún tipo. Situación que puede desatar una epidemia de fiebre aftosa en toda la región. En el gremio ganadero la preocupación es alta. Colombia tiene el certificado de territorio libre de aftosa, así que podría afectar la exportación de productos lácteos y cárnicos, y poner en riesgo mercados conquistados como el de China.
«Es muy grave lo que se está viendo con está crisis fronteriza hace unas semanas nos tocó matar unas 120 reses y luego colocarlas en fosas con soldados resguardando el sitio por varios días para evitar que estos criminales las desentierren porque no tienen limites», dice el Brigadier General

En esta frontera tan compleja y llena de movilidad cada día frente a los controles, quienes viven del contrabando han recurrido al ingenio para seguir pasando los productos ilegales. Lo cierto es que seguirá siendo de esta manera mientras uno de los actores de la frontera siga siendo negocio para el otro. «Venezuela es una maquina para hacer dinero fácil y alguien tiene que aprovecharlo», rezaba una pintada en una pared camino a la frontera de San Antonio del Táchira.

Fuente: JORGE BENEZRA - http://www.abc.es

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